Misión y Visión

Por José Antonio Michelena

Entrevista con Maritza Sánchez, directora de Cáritas cubana

D espués de 17 años de labor, la Cáritas cubana ha evolucionado hasta el punto de mostrar una madurez en su misión : «acompañar, asistir y promover, mediante el ejercicio organizado de la caridad que testimonia el amor a Dios desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia , a personas, grupos vulnerables y en desventaja social, sin distinción de credo, raza, género e ideología», y su visión : «desde su identidad cristiana, ser una organización con un voluntariado comprometido y capacitado, que propicie la sensibilización y participación activa de la sociedad y trabaje en coordinación con otras instituciones y personas de buena voluntad, en nuevos espacios y con libertad de acción para transformar las realidades que impidan la dignificación de la mujer y el hombre cubanos», alcanzadas ambas (misión y visión), después de un proceso de reflexión dentro de sus estructuras, previo a su II Asamblea Nacional, en febrero de 2007. Sobre la trayectoria y perspectivas de esta ONG, perteneciente a la Iglesia Católica Cubana, conversamos con la licenciada Maritza Sánchez, una bióloga que llegó a la oficina nacional de Cáritas en 1993 y es su directora desde 2000.

- ¿Maritza, cómo es la estructura de Cáritas en Cuba?

- En Cuba, Cáritas está estructurada en tres niveles: las Cáritas de base en las parroquias y comunidades –más de 600–; las 11 Cáritas diocesanas, que acompañan, animan, las Cáritas de base; y por último, esta oficina de coordinación nacional, que es una instancia de servicios a las Cáritas diocesanas, para que todo pueda funcionar. Debemos organizar el trabajo, trazar estrategias, canalizar recursos, ocuparnos de líneas de formación general en los diferentes campos donde se interviene: atención a la infancia, discapacitados, VIH/sida, tercera edad. Se trata de estrechar los lazos entre estas estructuras y avanzar en una misma visión hacia el futuro, con las mismas estrategias y objetivos. Lo que difiere son las maneras de actuar porque estas dependen de la diversidad de realidades locales existentes. Nuestro presidente es el cardenal Jaime Ortega. En cada diócesis hay un presidente, que es su obispo, quien designa un director; también, en cada diócesis hay un contador, un coordinador de programas y otras personas que intervienen en las estructuras de formación y capacitación.

- ¿Cómo se sostiene Cáritas en cuanto a recursos?

- Cáritas Cuba es miembro de Cáritas Internationali, una confederación mundial organizada por regiones y por zonas. Cuba está en el área de Latinoamérica y el Caribe. Esto nos permite tener relaciones con las del primer mundo, las cuales apoyan, asesoran y brindan recursos a las Cáritas que más los necesitan. La mayoría de nuestros recursos provienen de Cáritas hermanas de Alemania, Suecia, Suiza, España, Estados Unidos.

- ¿Cómo ha evolucionado el trabajo de Cáritas Cuba en sus 17 años de funcionamiento?

- Ha sido un proceso de muchos cambios. En 1991 se creó la primera Cáritas, en la capital, por el entonces arzobispo de La Habana , Jaime Ortega. Después se fueron instaurando en las otras diócesis del país. A partir de 1993 se comienza a sentir su presencia en Cuba porque hasta entonces sólo había sido una coyuntura dentro de la emergencia provocada por la epidemia de neuropatía. En ese momento se organizó la ayuda por parte de la Unión Europea a través de su oficina de ayuda humanitaria. Ahí Cáritas Cuba jugó un papel fundamental, junto con Cáritas de España. Se trajeron múltiples módulos de alimentos con los que se favorecieron muchos hospitales. Después nos quedamos trabajando con los programas de ayuda que tenía la Unión Europea , principalmente al sistema de salud cubano, pero también desarrollando las estructuras de nuestra institución, porque nos asesoraban otras Cáritas hermanas con mayor experiencia.

«Luego nos vimos con la capacidad de identificar cuáles eran los grupos vulnerables de la sociedad cubana que necesitaban ayuda y cómo asistirlos; y hacia 1994 comenzamos a estructurar nuestros propios programas; empiezan a aparecer otras líneas de trabajo, porque hasta ese momento sólo existía la canalización de la ayuda humanitaria para emergencias, la cual se mantiene, pero como una línea de trabajo más. Estas otras líneas son el fortalecimiento de la institución y la labor con los grupos vulnerables.

«En este proceso ha habido que trabajar mucho en la capacitación de los equipos diocesanos, del voluntariado, de la mejora del servicio, aumentando las capacidades de hacer, de aplicar todo lo que hemos ido aprendiendo. Cuando usted revisa el trabajo con los grupos vulnerables, encuentra un programa dedicado a los ancianos, otro para la infancia, que tiene tres subprogramas: uno para infantes en desventaja social: niños con familias disfuncionales, que viven en barrios marginales, muy pobres; otro para niños con síndrome Down, y otro para niños con discapacidades físicas y mentales profundas o con enfermedades terminales; y hay un tercer programa que se aplica a las personas que viven con VIH/sida. El de la infancia cuenta con mil 100 voluntarios; el de la tercera edad, 3 250; el de VIH/sida, 60.

«Todos los programas tienen un componente de formación específico. En la primera línea de trabajo, de fortalecimiento institucional, hay una labor de formación general para el voluntariado de Cáritas, con todo lo que se supone que debe saber una persona que trabaje como voluntaria, qué capacidades debe tener, qué hacer en casos de emergencia, conocimientos de trabajo social, cómo diagnosticar la realidad, algún conocimiento para elaborar proyectos, cómo se hace una evaluación, cómo se sistematiza. A lo largo de los años se han ido creando estructuras para la capacitación. Ahí contamos con 50 colaboradores.»

- ¿Pudiera poner ejemplos específicos de trabajo con los grupos vulnerables?

- Tomemos el ejemplo del trabajo con la tercera edad. Aquí el programa tiene varias líneas. Una, de servicios
–elaboración de alimentos, lavado de ropas–, aplicada a los ancianos con mayor grado de vulnerabilidad, con situaciones más críticas. Otra, que llamamos productiva, porque los ancianos se organizan en talleres de artesanía, costura, tejidos. Y otra, llamada a satisfacer sus necesidades de relacionarse socialmente, para la cual se organizan en grupos de cultura, recreación, espiritualidad. Todas las actividades tienen un solo objetivo: levantar la calidad de vida de esas personas, mejorar su imagen en la sociedad, que se organicen entre ellos y potencien capacidades para resolver sus problemas. Paralelamente hay una línea de capacitación de las personas que trabajan con los ancianos. En los últimos tres años hemos estado formando, en animación sociocultural, a los responsables de cada uno de los grupos, casi 500 en todo el país. Esos grupos pueden estar en las parroquias o en las casas de la comunidad. Es un trabajo con un enfoque comunitario, para que los ancianos permanezcan en sus casas, de la comunidad, y no tengan que depender de las instituciones, que son escasas y muchas veces no se adaptan a vivir allí.

- ¿Cómo se puede calificar la actitud del gobierno y el Estado cubanos hacia Cáritas? ¿Acep-tación, tolerancia, colaboración?

- No podría utilizar un calificativo absoluto porque se dan las tres cosas. Hay una manera de vincularse que depende del momento de las relaciones entre la Iglesia y el Estado; depende también de otros factores, como pueden ser las personas, tanto de Cáritas como de quien representa determinado servicio o institución del Estado, de si tiene una mente más o menos abierta. Tolerancia siempre hubo porque si no, no existiéramos; cooperación ha habido, en ocasiones, pero no es fácil desarrollar proyectos de colaboración porque precisa de muchos trámites, muchos avales, es pesado; pero yo tengo la esperanza de que eso vaya cambiando, porque el trabajo conjunto de todos los actores que intervienen en el campo público para los grupos vulnerables les da mayor sostenibilidad a las acciones que realizamos, es la posibilidad de una intervención más integral.

- La ayuda humanitaria para emergencias, ¿ustedes tienen que canalizarlas a través de las estructuras del Estado?

- Si tenemos que importar grandes volúmenes de ayuda humanitaria debemos hacerlo a través del Estado, pero podemos hacerlo con recursos propios si son donaciones internas, por ejemplo, cuando se realiza una colecta en las parroquias –donde a veces se recogen hasta seis camiones de donaciones–, nosotros después organizamos los envíos. Las Cáritas diocesanas junto con las Cáritas de base hacen el levantamiento y la entrega de las donaciones y nosotros tratamos de coordinar con el delegado de la circunscripción que conoce bien los casos y sabe cuáles son los más críticos. En la última emergencia, provocada por las lluvias del huracán Noel, hubo muy buena relación entre las Cáritas de las diócesis y los delegados de los barrios para la distribución de la ayuda que conseguimos. Ambos iban juntos en la repartición y muchas veces no se sabía quién era la persona que representaba a Cáritas y quién era el delegado del Poder Popular. Fue algo muy bonito.

«Ahora bien, cuando se quiere traer ayuda humanitaria del exterior, como un contenedor de alimentos, o un contenedor de techos, hay que negociar con el Estado para traerlo y con los órganos locales para la distribución y eso ocupa muchísimo tiempo; pero se hace. Nosotros hemos traído hasta un avión de alimentos, por ejemplo, cuando los huracanes Isidore y Lily. La distribución se realiza a través del Estado, pero monitoreada por las Cáritas locales. Las mayores dificultades en los casos de desastres están en la etapa de reconstrucción, cuando la gente tiene que levantar de nuevo sus casas, techarlas. Una vez que esos casos se han identificado y queremos ayudar a esas personas hay que negociar los recursos con el Estado, que es quien los tiene. Y demora hasta tres y cuatro años poder ayudar a un grupo de familias a reconstruir sus viviendas.»

- ¿Cuáles son las ventajas de trabajar en Cuba para una ONG cómo Cáritas?

- Lo primero es el recurso humano: el cubano tiene un nivel cultural alto y un sentimiento de solidaridad innato; después, la existencia de estructuras en la sociedad para amparar a los grupos vulnerables. Cáritas les brinda ayuda a las personas necesitadas de un mejor conocimiento de las instituciones de asistencia social, para que sepan el derecho y la posibilidad que tienen de acceder a ellas. Sabemos que no son suficientes las pensiones y limitados los recursos de los programas de protección a esas personas, pero existen.

- ¿Y las desventajas?

- Las incomprensiones y trabas burocráticas que hacen perder muchas oportunidades; la desconfianza. Tenemos que seguir construyendo la confianza.

- ¿Cuáles son las proyecciones de Cáritas cubana hacia los próximos años?

- Las proyecciones hasta 2012 son el fortalecimiento institucional; la capacitación, sobre todo en el trabajo social, de todas las personas que intervienen en nuestras estructuras; la participación de los beneficiarios en cada proyecto: no decidir por el otro, sino lograr que ellos mismos decidan su vida, su futuro. Además, la creación y fortalecimiento de redes a todos los niveles: redes primarias de ayuda entre las personas con situaciones difíciles, pero también con otros actores del campo público, redes de relaciones hacia adentro de la Iglesia y hacia fuera, hacia el resto de la sociedad cubana.

120x600 ad code [Inner pages]
Diario de Trinidad de Cuba. Noticias

Recently Commented